Me encontró con ojos desnudos recostados sobre el pasto, con el roce de la luz matinal. Sobre el pasto verde tan verde que parece azul, o amarillo regado por el rocío. Me encontró en la plaza, en la hamaca roja. Humedeció sus dedos y recorrió la palma de mi mano, acaricia el pelo, enmudece. En la plaza, luego en la mesa de la cocina, la merienda, la taza, el mantel errando los talones de la mesa; mamá sabía que había llegado y no queríamos hacer nada. Cada mañana él iba a verme jugar, el estrecho tramo de piel que florece en mis piernas, entre la pollera y las medias. Cada día el acoso, mientras una señora teje en el banco y mira, pero nadie ve la desesperación, la arritmia galopando las esquinas del gesto, tanto miedo espanta la fuerza y a la vez se va con una respiración, y se va. Se va como todo lo que respira.Ya no hay miedo, solo es él como un vidrio incrustado en el pecho, besa la frente, se aleja mirando como un buitre que lleva un pedazo de mi carne y duele, pero esta ahí, sigue cada noche cuando se deshace la luz y teje como la señora en el fondo del abismo. Teje para inmortalizar un instante sobre el torso de alguien que abrigue la necesidad de abrigar. Hace frío y él esta ahí, vuelve para acuchillar los parpados y sus rascacielos, no hay nidos en la prosperidad de las alturas. El tiene la forma de lo hueco, pozos con rostros que rodean. Cava, rasca la tierra y profundiza, enciende señales de humo. El vidrio aún esta incrustado en el pecho y no se va. Me hunde, consume de a poquito y punza, punza cada vez mas rápido y enseña nuevos lugares oscuros, sin nombre como él y su cuerpo que me invade, ocupa tiempo y metros, sobre todo distancia. Nunca habla, esta en mi pieza y aleja la realidad, todo se aleja; el ropero, la mesa de luz, libros en el piso, las pantuflas, fotos. Estiro las manos y las piernas y no alcanzo a tocar, todo se escapa, se lo lleva lejos. Grito que se vaya y la señora me abrigue con su color azul, o su naranja.Sigue corriendo la noche y llueve pero es tarde, nunca volverá a ser lo mismo, los ojos vieron algo que no, y no no es nunca, y el siempre nunca es para siempre. Las puertas se abren como telarañas en el medio del pecho, y es el reposo de una pinza clavándote sus dientes hasta extirpar todo y llenarte de otra cosa que enseñan los ojos del desconocido. Ese sin sabor de boca dormida te inunda la vista y crees en el fondo del mundo. Y vuelvo a la plaza, a hundirme en constelaciones detrás de los ojos, que deshacen cielo sobre la piel con agua errante y espinosa.Es el ocaso de la lluvia y el señor sigue ahí, sin decirme su nombre, tiene la presencia del vacío. Después sigue lo mismo, la costumbre del tiempo repetido, sentir cada día un hueco consumiéndose a si mismo.
.Me pierdo. Los datos de mi paradero deambulan y decantan con un viento débil que pierde por docenas la decencia. Si había algo decente eran mis dedos, decolorados por tus labios que degradaron la verdad con el delirio de las mentiras. La demagogia degolló a los delgados cuellos de la duda. Era delicada mi lengua y sólo degustaba el derrumbe, los depósitos de la depresión reinante. El desayuno era euforia devastada y la desazón de los desechos. Tu mordisco el desajuste directo a la dicha diáfana proveedora del hambre. La devoción por el desvío domesticó la dinastía semanal de mis domingos.Ahora me detengo frente al desvelo, a la destrucción, al desquicio de la piel desierta. Despellejo la despedida del viento, la deshonra que desde lo más hondo del descanso derrama tu boca descubierta.Podrías defraudar a los daltónicos con tu color siempre débil, a las damas que se reparten dados y danzan sobre mesas de suerte, deambulando defectos dedicados al dedal y su decorado de urgencia al déficit. Los delantales cubren el delirio democrático, la densidad de las dentaduras a la deriva derraman injusticia, el desafío desolado ante un diluvio. Un desliz desnuda el oasis deslumbrante, despacha el calor y me demuestra lo dictatorial y lo didáctico de un diccionario dietético. Diciembre me encuentra unida, difuminándome, digitalmente dilatada con la diplomacia del diptongo. El diagnóstico paraliza el diafragma, se despluman mis aves discípulas. Duplico la dulzura, soy la droga que dramatiza el dolor en lentas dosis dominicales. Diseño el discurso de las disculpas en dirección a tu disgusto, la distribución de la demencia al dormir. El disfraz de tus dones desvanece, el durazno dibuja la pelusa, el detalle difunto, día a día devora la obra del destino. El desprecio desplaza los pliegues del cariño. Que algún dios descienda a descargar humanidad en vos y que disfrute de la duda. Que la denominación de origen sea distancia, diurno el amor, y los disparos.
“Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbe, de olores descompuestos, y de palabras rotas” Oliverio GirondoHay una pasión primitiva debajo de tu piel, pendiente del movimiento y del extravío. Soy tu penitencia, hasta que puedas perdurar en el tiempo, masticar el perdón. Que puedas percibir la paranoia entre los buques de guerra que zarpan cada día desde la pared de tu mente perdida y de tus puertos. Que te percudas y no puedas escapar de la peregrinación a la nada, a la perdición, a la pereza, a lo imperfecto y los prejuicios. Que seas perjudicial a tu salud periódica y perfumes la periferia de tus cabellos y el perímetro de tu espalda con olor a pez muerto, y perfores de a poquito los pergaminos que te cubren. Que perjures tu permanencia en mi sonrisa, que cada pétalo de tu recuerdo perturbe la naturaleza muerta en la perversión de los floreros. Que tu pesadez sea pertinente y persuasiva, tus pestañas palomas en la ventana de los vecinos, la fórmula de los pesticidas y el desprecio. Que tus manos sean la picardía, la piedra que desbarranca de la piel al lago. Que seas la pigmentación del cielo plasmada en las paredes de mi cuarto, y yo ser la pionera, el pincel que pinte la prehistoria, la presbicia del pasado, y prescinda cada noche de tus preocupaciones. Que seas permeable a mis pesadillas, a mi pésame, a mi pertenencia. Que tu premonición sea premeditada, y tu corazón impuro una agonía. Que sea previsible tu desconfianza, que los noticieros pronostiquen tu malicia. Que promuevan tu presencia de repelente, propaguen tu imagen como peste, que seas la psicosis que lleve a los desprevenidos al psiquiatra. Que proyecten tu vida como ejemplo de putrefacto, como un puzzle húmedo, deshecho. Que seas el purgante más usado, y la pulmonía puntual de los abuelos. Que seas la prisión de los enfermos, pulverices la pulcritud de los hospitales y seas las pulgas en las piernas de polleras. Que seas la protección a los menores y su puntapié a los prostíbulos, que des prórroga a la epopeya mas esperada. Que seas la prisión perpetua, el pulso en mi muñeca, la puntada que cierra heridas. Pero sobre todo que seas mi pulmón, y purifiques el aire que respiro.
En el hermetismo de tus símbolossuena el asombroradiación de piel heridacuerpo reloj amamantando el tiempoque se vaya de vos y de todos tus pasados.Las cenizas volcánicas de la violencia cubren tus muebles el viento roto golpea en la ventanaabre la jaulala garganta espera la nocheel precipicio de la marea oculta lo cutáneo de un amor analgésico. Ahorro veintidós monedas de tiempo con vosla peste se encuentra a tu soledad conmigomañanas enteras de naufragio sobre la mesa y la manteca se derritela cuchara se enfría dentro de la taza del té que aguarda el desague. Tengo el espacio aromático en mi memorialleno de tu sonrisa de satélite varadode copas que se encuentrancon la eficacia intolerable de saberse sed.Encuentro tu luz encendiéndomecontrarresto los alambres de mi corona de púas cercan la existenciay la cruz vuelca hacia tus manosAl calvario lo dejé en tu vereda. Ahora seguí vos.
Un gato ronronea en el tejado, en tu espalda se abre clandestina la séptima vértebra
y un aljibe tira de su cuerda y de su balde, sube hasta sentarse sobre tu omoplato izquierdo. Me acerco a tu piel, a tu cuerpo dormido y miro su profundidad, no es eterna el agua, la sequía de mi lengua se parte como las tejas y los pies del gato.
Y tus costillas se levantan hasta formar un arco, cruzo el puente y aguanto la respiración, pido un deseo, construyo otro puente y otro deseo como puente.
Pero ya no somos parte.En tu techo no hay espacio para mí, mis manos asoman por el aljibe, se desmorona ladrillo a ladrillo. Arranco toneladas de escombros, en la búsqueda no me encuentro.Las formas desaparecen en el aire y ya no hay gatos ni tejados, ni tu cuerpo, ni mis manos. Este desastre se desintegrará cuando despierte.
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A través de la comprensión libero la conciencia. Respiración tardía, llego primero que todo a la nada antes que la nada lo haga todo. Me sumerjo al sueño y gravito en las paredes de mi mente que construye puertas con trozos de corazón que no desintegraron las manos de la realidad despierta. Frunzo el ceño, tengo la cosecha amaneciendo tras los párpados, y el campo es tan verde, las paredes tienen palabras que se escurren y no escucho nada. Veo el mar, el mar siempre juntando muertes con sus palas llenas de espuma y de rabia y de sal subiendo las presiones de la piel. La electricidad me enlaza al mundo del hemisferio norte. El sonido se topa con un barranco y no es suicidio el de la música en lugares abiertos. La expansión nos abraza, no querer morir más que despierta. Muertes cercanas invaden la tierra de los sueños. Te quiero, te quiero pero en mi vida las raíces te abortaron. Sos parte del tiempo que bosteza momentos, instantes de papel carroña. Y nada se repite, todo se distorsiona, se transforma, todo nutre a la boca del destino.
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.Tu boca se parecía al cielopor eso desgrano el sol y las alturas brindan a mis pies.El tiempo y esta costumbre alérgica de buscarteel asedio constante de la palabra grita.Buscarbuscar un lugar que sangresiempre.Cada vez que te mirabacreía en creencias imposiblesen la fuerzaen los instantes eternosen mi Apocalipsis.
Foto de Carlita Cajal.
sudestada
el manejo de lo incierto
las bocas de las calles se cierran
es mejor no tocar el baldío
ni sus alrededores de manos sucias
es mejor no dejar el cuerpo olvidado en la noche
o el sol calcinará
(se escucha decir)
no mas muertes antes del mediodía
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me escudo
me encierro me amoldo me fecundo
encuentro el canal de lo intacto
la superficie subterránea más austral del mundo
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los pétalos se cierran en las flores
en tus ojos la tormenta se avecina
piedras inmóviles
el tiempo
el tiempo
sobre todo el tiempo justo
y es intenso el sabor a miel
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jamás veremos el sol detrás de la piel vencida
los árboles dejan su sombra en la calle
y nadie más se la podrá quitar.
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sembrar el paraíso con dos semillas de tu boca
era la condición
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siempre canales extintos en las vías de las manos
siembro la duda esperando algun tren que llegue
desbordando pensamientos y se vacíe en mi estación
.
que todo desaparezca
y quede sólo el tren y sólo yo
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subir junto a una idea en un zumbido de silencio
que arranque la emoción
y llene de nuevo el desperdicio.
"explicar con palabras de este mundoque partió de mí un barco llevándome"Alejandra PizarnikUn surco gris invade mi telaraña mental. Debajo, olas con muletas empujan rocas, una escollera se pone de pie y márgenes con dientes expropian la marea de los bordes submarinos, la ciudad se aleja. Me lleva conmigo un funesto barco, una mañana de trigo, sombras de mujeres con formas de flores en la arena, en sus trazos de mantel y entre los pétalos de óxido que se deshojan sobre el agua. Y las sombras que no mueren, la escalera del viento, la viajera del norte anclada en la memoria. En mi sonrisa caen dados, cuatro cinco seis, puntos suspensivos, los puntos construyen el silencio y las calles. Las bocas de tormenta, la vereda, el balcón mareado en las alturas llora el fragmento ágil que se desprende. Pero no me voy, me saco de mi esquizofrenia, del mundo fosforescente, de las dimensiones escondidas en la sangre.
Quisiera llevarte a vos también, pero en esta noche, mi sueño se desvela por la música del viento.
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Perdido entre los párpados, en el viento que despide mi ansiedad y la lleva en su tumulto de codos anónimos, destino el lujo de lo llano al mismo lugar en donde antorchas de frío quemaban la luz enredada al horizonte. Y yo me repito el silencio, la boca dormida aquietando el paso y el sacrificio austero permanece de pie, pegando a la nuca dos palabras de amor. ¿Y qué, si el amor es tierra en la garganta, en la médula, una corriente de sur a sur, sin esquivar el miedo? La función de la espalda cargando un siniestro, dolor y caminar, caminar lo necesario que necesite la mirada y que la plenitud sea el amor en la cocina horneando alfajores de inocencia agotada evaporándose hacia tu nariz, y tu nariz bien abierta para abrazar el aire, para entablar una conversación con su mirada de pájaro buscando una rama que lo reparta en trozos de cielo.
Pero nos habita el hastío, el cansancio predomina en tu cabellera hasta que las raíces crezcan por tu espalda y aprendas a cargar el amor a la deriva de tu piel, sin tu espalda a espaldas de la mía, y que la medula succione el poco amor tuyo que me queda en este paraíso sin tierra.
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.Paralizada entera a tu mañana de fríocorrecciones en el fondo azullanchas anudan el medio del marmi garganta y su filo de arena.La carencia y la risa ondula el aire en permanenciase deposita en el vórtice de la bocadilata el ansiael boceto que repite el instante.Fumo las ofensas del verbo presentesustantivos circulan ocurre el agua.La lluvia remueve pantano de sal entre las olasla tragedia del incestotu salivael humoy los trozos del incendio que traga la lenguatoco el cielo con la lápida de mis dedos.Acá ya no hay nada mas que hacer..
A partir de este fin de semana podrán visitar en el Hostel Alta Esperanza, Boulevard Marítimo 1361, entre Sgo. de Estero y Córdoba, nuestra muestra (Ana Luz Mazza, y quien les escribe, Mariana Garrido) "Crónicas de un Otoño", que dejará su presencia en las paredes de ese bello lugar, muy cálido, frente al mar.Pueden pasar en cualquier momento del día, y conocer las instalaciones!Además de Hostel el lugar funciona como centro cultural, con talleres, cursos, charlas! Saludos y los esperamos!
MutantesLos cuerpos detienen el espacioun instante antes que la mirada detiene a los ojos.Letras debajo de la lenguaen los músculos, en las arteriasen ese cuerpo vencido las palabras se acomodany se desplazan con la idolatría del tiempo perdido.Encontrar el cauce y los vientos que deletreen la pacienciadespertar cada silabaenvenenando los verbos que entorpecendesmenuzar cada adjetivo para saber si la piel estaba en lo cierto.Somos mutación que desencadenala respiración tardía de un abedecario inconclusoel cansancio de venas vacíasque tiemblan como cortinas en los pechos de tierrarajados por la tinta que brotabuscando la pena marchita que de el altay el tiempo que acompaña la espera.Las letras se impregnan y perfumanla raíz cuadrada del silencio.Entonces los cuerpos se vuelven de papely la sangre de tintadelira cada verbo y caminan descalzossobre un jardín de sustantivossobre la rabia difuntay sobre la hoja que nos vuelve a humanizar.
Erupción de ozono que da vida(no queda más junto a vos).Conquistar la soberanía del cuerpoen las periferias de tu río. Sospechar del soplo al borde de los labiosdonde comienza a dibujarse la sonrisa.No respirar del aire que no existe.
.Una catarata de palabras se agolpa en la puerta del viento despeinado, que cabalga en los árboles de tu vereda. Ya no sabías donde terminaba el cielo, pero te topaste con el roble de tus pies exactos acomodándose en las pantuflas de color marea roja en medio de un abril que nadie vio y nadie siente, en las costas del eco de una puerta que se abre y que se expande a otra dimensión, tan grande como la tierra de tus ojos.
La corteza de la cortesía da lugar a cientos de crímenes que cuelgan de los cirios, de la cima crispada de este techo lleno de cometas ocultos detrás de las estrellas de tu patio. Porque tu patio tiene otro cielo, otra noche, otra vida. Cada coma en el lugar correcto, cada cosa en un camino que se ramifica como el canal más austral del mundo, y mis manos cansadas de tanto celeste. Cuántas casas deberíamos construir para que canten ruiseñores en sus pilares de luz antes de la crucifixión de los días, en el cortometraje medido del invierno. Cuantos puñales cercan mi cuerpo de tu cuerpo.
Tengo la cuota vencida del destino, las manos creando esta creencia de correcaminos y de cuajos uniendo la costumbre maldita de cenar otra vida antes de dormir, y prender velas de colores claros que cesen la luz opaca del silencio cometido a las dos de la mañana en el cielo del cantero de tus calias y crisantemos. Crezco, cruzo y cuento las distancias de un cosmos tan parecido al de nadie, que nadie cree esta realidad constante que circula en mi vereda. Necesito un jardín donde plantar la calma..
Me darás mil alas, la noche, el sustantivo, la probabilidad de lluvia, la profecía descalza que desparra sus pies y enciende una nación cerca de mis pasos. El espacio vacante de tiempo, el descubrimiento del cielo en la escollera, el desembarco, el efecto del afecto, la devoción alterada, los escrúpulos, la consecuencia, el afecto alfabéticamente acomodado en la sonrisa, la efervescencia. La licencia para desatar una eternidad, y que palpite cada día en la memoria.
Sos de marzode esa manera angosta de palidecer el almay mostrarla puraexactade atardeceres tempranosbocas que se arman y desarmanguerras que son y que no fueron.Mis venas van llenas de trenes desbordadosde hemisferios que se abrena tu llegada perpendicular que crucifica el verde.El color nos encuentra amarillosde fiebre amontonada en las veredasy el tiempo callame resucitas a otra estaciónlos pasajeros se desprenden del cuerposiempre es tierna la piel y el desenlace.El óxido me mancha el saco blancoy el andén a seguir es desencadenar el pechoplantarme la espina de tu miradael desvíoel ejercicio de la pérdida.Este árbol no muere de pie, solo resiste
A través de la ventana puedo ver el jardíntonalidad difusa de tu amorla tala indiscriminada de su gloriaque tuerce el trayecto de la suertetrece pétalos perdidos.Voy a tatuarte un tribal lleno de trébolesque hagan temblar el traje otoñal que te vistela trama parecida a los trámites que te suceden.Un taxi me lleva a la terminal de la angustia(terapia de mi garganta)y tallo la forma de tu indiferencia en un banco de plazaque prepara la tesis del silencioy me provoca tibia, llena de toboganes azulescortos como mi suertecomo la tonelada de viento que lleva mis espaldascomo la tormenta que derriba las torres de un tablero vencidoy torpeme entrega a la tortura y la tristeza.Esta tragedia se traduce en tus manosen la tranquilidad con la que tus ojos circulancon la pausa y el balanceo de las hojas en el airecon el tiempo que sos vosy ese trafico acelerado que detiene mis latidos.
“Crónicas de un Otoño” es una instalación creada para despertar todos los sentidos, con imágenes, palabras, aromas, sonidos, sabores, y mucho tacto, como en las hojas del otoño que caen cada año y nos invaden con su belleza. El otoño es una estación en la que mucho sucede, como en todas las acciones que realizamos, donde siempre hay que dejar algo y sacarnos una parte de piel para volver a empezar, esperar la calma, la venida de algo nuevo que va a florecer en otro tiempo. Transformación constante. Somos escritoras y poetas uniendo palabra e imagen. Las palabras solas no bastan, hay una imagen en la cabeza que sucede y viceversa. La palabra crea esa imagen, la imagen crea palabras en la mente. Ambas crean silencio y contemplación, y vamos a recrearlo en un espacio cálido, rodeado de otoño y de personas que también vengan a dejar caer sus hojas en él.En el marco del VI Festival La Palabra en el Mundo, los invitamos a un evento librado de los límites de la norma, donde podrán ser espectadores y protagonistas, observar y formar parte de una experiencia única.Inauguración 21 de Mayo, 20 hs. VORAGINEBelgrano 3659SHOW DE PERCUSION A CARGO DE JUAN TAMBORMovilizar la tierraLos esperamos con un rico cóctel de inauguración para iniciar la noche del viernes!
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Camino entre los árboles y me descalzo las ruedas de los pies. No salgo pero vuelvo a entrar. Muere el aguijón de una aguja de reloj inyectando en las venas espera y paciencia. Apagar la rabia. Alrededor hay cientos de animales que estrellan su cara contra el cielo, y no sabemos si es martes o viernes o selva. El tiempo deja de conjugar los verbos, y mi cautiverio te mira detrás de una reja gigantísima como tu descanso y tu fraternidad vacía, de cámaras de fotos que relampaguean sobre los pechos afelpados y sobre los colmillos de leche ocultos bajo la represión del paisaje. Camino inquieta, en círculos, palomas breves vuelan y entran al zoológico que levantaste en tu olfato mal cocido y mi nariz ya no respira primaveras, solo golondrinas que se van donde animales no esperen su muerte recostada, cansados del ojeo y la mirada constante y las voces, gruñidos de hombre. Tu pupila se ensancha y sigo comiendo de tu mano, hasta el día de la revolución. Mi cuerpo tiene la pared llena de arcas de Noé desamarrando las cuerdas.
Tu noche no es el infinito y enciende veladores, visibilidad variable, la niebla, el movimiento de una bestia encerrada. Las rejas, mis costillas, y toda esta selva que se muda lejos, tan lejos que me vas a encontrar, otra vez, pero llena de vida, cerrándole los ojos a tu muerte..
OCÉANO-ARCO-TÓXICO-TENACIDAD-CEJAS-FÉRTIL-DIMINUTO-ACELERAR-TIERRA-BURBUJAS-PUREZAPrimer resultadoHay un océano diminuto sobre el arco que se levanta en tus cejas llenas de gaviotas hambrientas, mientras teje mi tierra fértil desnuda con su tenacidad, para evitar el avance del agua. Entonces el océano se purifica y las olas desordenadas burbujean la espuma tóxica de la rabia que te sale por los dedos y me tocas, y sos el terreno explosivo que armoniza esta tempestad, que aún cruje acelerada, urgente, sofocada de sal buscando bordar la tierra varada en mi estómago. Y te impregnas, floreciendo el sitio más azul y mas lejano que me lleva a otro cielo, donde la sequedad se duerme una siesta junto a las persianas a medio cerrar. Necesitas la sed del desierto, la falta, la esquizofrenia de necesitar la paz que renguea sometida a tantos gritos perdidos en medio de tu mar.Segundo resultadoDespierto herida
vuelvo a las burbujas y a la pureza
que brota a mitad del camino,
poseo el alimento toxico para tu orgullo
que se arquea tenaz en la tenacidad de tus cejas.
Y vuelvo al tejido fértil de los mediodías
al polen que estornudaban a escondidas los recuerdos
pero el paladar diminuto se hace agua
y acelero el pulso hacia la mirada del este
contemplando el subsuelo
que amanece debajo de estos pies.
*No sabemos de pájaros ni de la historia del fuego pero sabemos como ella que la soledad puede volar y debe hacerlo hacia otra parte, llevar lejos la voz, el pensamiento y contar ovejas y pájaros y sus plumas para saber cuántas faltan cuando arranca el avión del tiempo y todo ese cóctel de despedida. *En la boca en la lengua la risa y dentro de las burbujas en el aire tu rostro encapsula momentos, perturba la distancia dejando el tiempo, la lejanía de una esperanza inconcreta. El pequeño lugar donde todo se guarda y hasta vos y yo estamos ahí, caminando sin sentido cubriéndonos la cara con una moneda sin rostro, recortando los segundos en forma de poemas y pintándonos las manos oscuras de colores blancos como los primeros cabellos desteñidos de tu frente, sabiendo que nunca mas volveremos a ser.*La noche tal vez sea el olvido de la luz en el cielo. Hielo pagina en blanco se acerca, desarraigo y extraña la belleza de tu piel en la almohada. Espejos en lugar de puertas, desesperación, no encontrar una llave una salida o tu voz para poder hablar desde tus cuerdas vocales, callar gritos. Llueve sobre las manos. Búsqueda incesante detrás del espejo, sinónimo nido nicho nacer morir donde se nace.*Tiempo repetido temor de una sonrisa sueño vidrio que raspa la figura, tarde noche todo calma. Aferrada a las alturas, cercanía pies que devoran sombras cansancio y la áspera visión del mundo de rodillas, el miedo es una forma cerrada sin ramas que cuelguen sol y una cruz clavada en el pecho desenhebrando la clásica función domingo a la mañana. El rito, la comunión confesa lo cura, custodia la verdad en el living el incendio afuera alguien y dentro la victima el desarraigo lucha enferma, se cura.*Hay un muro detrás de tus cortinas o es el monstruo de pie esperando el acercamiento. El ave despierta en tus ojos. Crecer como crece una ola a orillas de la puerta querer cruzar y dale de comer, dale de beber al ave y su curiosidad. Sos el muro la costumbre el miedo al salto el miedo a volar con tus alas el soplo de aquellos.*Somos el mediodía el sol las nubes la belleza y quién, quién mira el abandono la cirugía del tiempo recortando el horror de las manos sucias, todo es perfecto debe parecer perfecto. Enceguecemos.*Hay una luz negra que ilumina y es mentira, mentira si sos rojo o azul o margarita y su caer de los pétalos, me quiere no me quiere ¿me querés? Pero querer al borde de un río, al borde del agua y su cara de ahogo. No me queres en la estrella fugaz que palpita en la palma de tu mano derecha, cuando se te clavan las espinas naranjas del sol cuando te fusila la mirada y todo es pétalos que caen hasta la nostalgia hasta el desamor perdido de un tiempo que no fue. Y la estrella fugaz en los pelos al viento y su columpio peligroso peligrosamente. Así la plaza, el río el azul y yo, tarareando la canción gris del silencio entre las yemas de los dedos hasta obtener toda tu mano. ¿Lo sentís? Como suaviza la piel, te duele el dormir y ya no hay salidas esperando, solo un agujero negro y la serpiente del vacío dejando su muda de piel sobre tu ombligo. *Mutar al inevitable dónde y para qué aventurarnos a ese vacío opaco donde reposa la verdad de ser, aunque se inserten las espinas y broten de ellas pimpollos de color cielo o se subasten las últimas hojas del ultimo árbol verde, verde como tu camisa y tu respiración y el otoño breve que se abre sobre tu espalda.*No hay salidas esperando a la puerta. La huerta y la cosecha que sembramos va y viene, tierra removida las palas el entierro de esto y cada tanto crecen brotes para mi ensalada. Despierta todo aquello que respira en mi memoria, ¿me ves? Entre el pequeño resplandor de una grieta descalza saludo y no hay mas remedio que una memoria blanca subiéndose a la niebla para comenzar a escribir una nueva historia. Hoja blanca oasis.*Estoy abajo al sur de la esperanza. La soledad sentada a la mesa y me repito dónde estamos, dónde pertenecemos. El aire sigue dorado acá, solo hay verde persiguiendo pájaros vivos, y esta silla cansada de observar el horizonte vacío, a punto de ser parte de la oleada que se hace cada vez mas cercana, como escaleras persiguiendo rascacielos.
Hay un día tachado del almanaque
donde la psicosis sale de contexto
y el envase de la comunicación se deshilacha
sobre la falda de la abuela.
Inactiva a los ojos diminutos
tu represión será madera de otra mesa
debajo de los pies.
Y amarán los árboles sus raíces
ramificadas al olfato de la tierra
pero la neblina se posa sobre la terminal de la angustia
y el bosque nos abre su paraguas de fuego.
Algunas de ellas terminaban detrás de las cortinas de la cocina, en el agua del florero de algún muerto jardín, debajo de las botas de lluvia o, lo más probable, lavándose en algún charco en la vereda de los cuerpos. Con el paso del tiempo nuestra violencia consistía en la cantidad de miradas que se perdían, que nos dejábamos de dar.
vas a caer despacio y serás el títere que tire la toallasobrevivir a la boca del socorrotendras el reposo, la renunciauna noche mar es una boca menos para que alimentesy sobre todovas a regalar tu vientre y seráel nuevo régimen de los cobardessentarse en la profundidad del vientoy esperar otra lluviaesperar es el emblemala sabiduría pegajosa de entregarse al destinoy su malicia de ajedrezun océano te invadey sos la isla perdida en la saliva de los muertos
el tiempo moldea lo vivido
fantaseamos fierasfumamos fantasmasfirmamos cartas fecundasde amor fraudey poco factible la pazel factor la fábula y tu fecundo cabello largofalsea a los farsantesfama fosilizadafuente rasgándote la piely sus neuronas de féretrode agua fugaz vos facilitaste la felicidaden la fidelidad fatal de los finalesen la fisura flechasen la fobia que florece al tacto de tus fondos.
Y tu cabello largo se sujeta a la costilla más austera del mundo, a la garganta pintada de oleos en el jardín mas triste del amanecer, de las grietas en el medio del agua, de cada uno y de todos los anteojos de ojos grises en el fondo del cielo, de palomas que aúllan como sirenas a la luz de la noche, de alarmas dispuestas en ajedrez y el cuerpo levita hacia las costas de otro rostro y de otra fe, que sea capaz de permitirme la hoguera, la junta el remedio el sabor a cereza de patio y su naturalidad sin insecticidas. La pulga del perro que duerme en la puerta de tu casa y de tu cabello tan largo que le abre la puerta, sin despertarlo, para que juegue dormido a cómo se pisa una casa decente, esa donde habitas y ejerces tu docencia de poder, donde coleccionas agujeros de bolsillo sólo porque te gusta brillar y el perro que no sabe dónde esta acostado, esperando a que tu cabello le abra la puerta de nuevo y poder buscar el barro, la molécula de mugre mas hambrienta de blanco, de cristal almidonado, de carencias ocultas debajo de tu cama, de peluches mirando una vitrina y su reflejo, suavidad y la belleza de lo intocable, la mirada perdida buscando la calle, el abrigo naranja del amanecer que respira y tus pies lavándose las uñas antes de rasguñar otro cuerpo, antes de que la noche lo duerma sin tu soledad.
Respira realidad
o se inquieta la ventana
espiando el mundo
imágenes giran
un calidoscopio encuentra
jardines primaverales en tu rostro.
Todo amor para dar
sentido de sentirse
si despierta tu respiración
que no delate la vida llevada en el bolsillo.
Hay algo a orillas de tus ojos
y no son mas que otros ojos
los de una víbora que resbala
escribe sobre las mejillas
o es un puñado mas de tu sangre
en el deshielo de otro rostro
( el mío)
llega a la boca
espera
un desierto sonríe
acaso hay otra soledad mas triste
ahogarse esperando agua.
Insistir
tatuar la manía de caminar a los huesos
últimos pétalos de la memoria
o no saber nunca
de que color se viste el recuerdo
a que huele el descalzo fingir de la muerte
y su lecho de inocencia
como un temblor en la rodilla.
Si he visto tus manos
atravesar las rocas
no es pedir lo imposible
que te cargues en la espalda mi pequeña cruz
y lleves su otoño sobre tus manos
ultimas cenizas de calor
así vas a saber cuanto has amado al frío
tal vez pueda conocer más
el fracaso
tal vez podamos sabernos mundo.
Se repite, todo se repite. Vuelve y se acelera el tiempo para detenerse un instante antes. Y sus dientes acercan el filo a tu cuello pero no lo muerden, se resisten. Te dejan solo en el medio del mar y no sabes de qué hablan cuando las ganas efímeras de volver. Y te querés morir, no por querer la muerte, si no por querer que la vida se detenga.
Bajar. Ya estas detenido hace varios paisajes. La marea baja. Te pones la máscara violeta y salís con cara de horizonte en medio del mar. Y los peces que nadan se escapan de tu nada y tienen miedo, tienen miedo y el gris se apodera siempre de sus cuerpos, del anzuelo, de la puntada que los amarra a la tierra y a tu boca. Marea alta que te trae mil flores a la punta de la nariz, y se repite, todo se repite, el pensamiento rosado en los pies de la vereda, el jazmín invasivo a través del viento, pero es lejos y todavía queda tanto aroma a orillas. El mar y el miedo en lo profundo de tus ojos, y siempre la barca que se lleva el volver.