Ese peso agobiante acaricia el esqueleto y otra vez quebrar la esperanza, otra vez apaciguar el tiempo e inflarlo hasta que sea un globo que nos remonte a superficies de cielo, a un remolino de vientos, tus manos y ese tiempo.
La creciente armonía golpeando las ventanas, sujetarnos al reloj y olvidarnos del cielo y su condena.
Creer que lo imposible nos despierta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario