domingo, 31 de mayo de 2009

Dormir


Mis uñas arañan el cielo
lo hacen tierra y barro.

Es tan difícil arrancar la piel que se pudre
tan difícil acariciar la muerte
amontonada en la sombra de lo que calla

despedirme hasta la próxima luz.

Rescatar las últimas flores del otoño
que se ahogan esqueleto de jardines
y ojos felices.
El mundo esta de rodillas
y yo sentada en el borde de la última célula de su pie izquierdo
precipicio al charco de tanta lluvia.

El tiempo arrincona.

Me araña la caída del cielo
camina callado
como un lago que sirve sus aguas en el iris
y se estanca.

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