sábado, 25 de enero de 2014

Cómo ganar una guerra




venía con una racha feliz
el cabello bonito, cuidarme la piel
leer en la bañera libros que compré
para pasar noches de verano
y ahora caigo en un pozo
como esos donde caían los chicos
cuando estaba de moda
durante horas miraba crónica
hasta que un bombero lo sacaba
en el fondo esperaba que alguno se asfixie
y que los héroes se derrumben
yo no quiero salir
tengo miedo que me roben
el amor en la calle
y saquen lo peor de mí
la ira es mi mejor droga
me lleva a tiro como cohete espacial
y el insomnio cuando me consumí
porque no me querían
¿por qué ofrendamos
por qué violentamos los cuerpos?
me miro desde la vereda de enfrente
quiero competir conmigo
ganarme
pero la mejor forma de ganar una guerra
no es pelear desde el bando contrario
es estudiar al enemigo
conocerlo hasta enamorarse
meterse en su terreno
sentir lo que siente
pensar lo que piensa
desde el núcleo
poner una bomba
estallar todo desde adentro.












viernes, 10 de enero de 2014

Obrera



Siempre soñé levantar mi propia casa
miraba embobada el accionar en las obras
hipnotizaban los trompos
esa pasta gris que seca es piedra
tenzar los hilos de las paredes
siempre quise ser mi propia obrera
decirme mamita al pasar 
por la vereda o alguna grosería 
hacerme enojar.

En mí, como el título de Stefanoni y Mey
Tiene que ver con la furia
las frases hostiles me activan
respondo con acciones
persigo me muevo golpeo
coloco ladrillos
con bronca con pasión
mando a pasear
a mi propia obrera.

Cuando el sol pega al mediodía
preparo un asado sobre la parrilla
apoyada sobre la tierra.

Todo esto viene de otro lugar
del que se está prendiendo fuego
o de la obra en construcción
tiene que ver con hacer un espacio
contener la fuerza
direccionar el movimiento
como si manejara todo
desde un panel
sentadita
dentro de un gran robot.







viernes, 3 de enero de 2014

Mi realidad es una carpa de circo




Mis días se entierran en descampados
estacas y una lona protegen del viento
aunque esté en Comodoro Rivadavia
soy una carpa de circo itinerando
tengo payasos, algunos me dan miedo
otros tristeza
eso mismo me produce la gente
que no mira a los ojos
y se disfraza todos los días
de algo que no es.

Yo también me disfrazo
pero de personas que soy
tengo muchas para ofrecerte
incluso animales, están prohibidos
pero yo no.

Casas rodantes escoltan
me guardo para viajar
sabés mi truco preferido
hacer remolinos en los vasos llenos
desde arriba 
a vista horizontal son tornados
que desaparecen
tengo una rueda de acero donde
giro con mi velocidad
de motor de cuatro caballos
lanzadores de cuchillas
que te pasan finito.

No tengo público pero viajo
por todos los climas y paisajes
tengo magos y  trapecistas
que suben alto
tengo uno en el sueño
que me lleva siempre a vos.




lunes, 9 de diciembre de 2013

Levaduras





hongos unicelulares
su rol en el pan y fermentaciones
que pasan de alcohólicas a acéticas
las hay lácticas, algunas
generan glicerol
ingrediente de los jabones del baño
de las velas,
una pequeña mezcla con pólvora
da explosivos de la industria bélica.
qué triste e impotente nuestra fuerza
cuando las armas cargan tanto poder
un capítulo más
del imperio del fuego encapsulado
del miedo y la desprotección
y las manos que disparan

siempre habrá alguien que las sostenga


prendo el horno
leva la masa que será pan
cuando suceden reacciones químicas
que se reducen al valor
de actividades vitales primarias
como el amor

las fermentaciones con calor
son mas rápidas
sus seres vivos se reproducen ágilmente
y tejen una red que se infla de gas carbónico
se agranda en el bols, en el horno
hasta que el frío detiene todo
detiene
la formación de vida

algunas levaduras mueren
otras quedan en estado latente

encerrados horneamos pan
y nos armamos de amor




miércoles, 17 de abril de 2013

Ejercicios de relajación






dijiste, no quiero ser 
responsable de tu felicidad,
por eso soltame
respira profundamente tres veces
visualizá el lugar que más te guste y tu brazo

tomate el tiempo para sentirlo 
después imaginá y sentí 
cómo pesa y se relaja
cómo pesa y se relaja

relajá la mano, levantá el meñique
respirá profundamente tres veces
luego levantá el anular

relajá la mano
tomá tiempo para sentirla
así no duele

luego levantá el dedo del medio

el índice
no hay pensamientos, no hay nada
relajá el antebrazo

tu sangre corre mejor
el pulgar no es necesario pero sí


ahora visualizá el lugar que más me guste
te indico por si no te acordás
estirá los dedos en simultáneo
no hay emociones no hay nada
la palma es una pista de despegue
y tu mano se abre para dejar ir


¿viste que fácil era?

domingo, 24 de marzo de 2013

Paranoia









Hay mucho miedo en todas partes, hay energías que fastidian y empujan como en el cuento de Julio en donde la gente se va de una habitación a la otra hasta que ya no tiene dónde ir y de pronto se encuentra en la vereda afuera de su casa. Yo no aguantaba más esa energía y me fuí sola para la plaza de enfrente. Ya era de noche y la gente no anda por la calle, la fauna nocturna es muy extraña, hay personas que nunca antes habías visto en tu vida en ese lugar y las ves ahora caminando, en moto, gente que pasa y se ríe o tose y los ves andar livianos, como si la noche les quitara todo el peso de encima. Me senté debajo de un árbol, con una campera gigante y una capucha, no es cuestión de tener miedo, quiero que tengan miedo de mí y nadie se me acerque. El mar se escucha desde ahí con una cercanía que abruma, musicaliza la soledad de la plaza y puede tapar el ruido de los pasos que se te acercan. La paranoia comienza a titilar en la cabeza, miro hacia todas las direcciones, el viento mueve las hojas de los árboles que ya secos en este otoño prematuro dan sonidos que se quiebran y hojas que se mueven por el suelo. Una canción de feliz cumpleaños viene desde alguna casa. Imagino los abrazos y cómo será la torta. Una casita al lado de la otra, un pequeño mundo al lado del otro. Mundos diferentes. Unas motos van y vienen y en un ratito ya se habían juntado muchos chicos en el centro de la plaza, donde hace muchos años había una pared con un busto de sarmiento que comenzaron a arruinar y le sacaron primero la nariz, luego las orejas, después lo pintaron y un día no estaba más. Otro día tampoco estaba más la pared. El grupito de chicos se hacía más grande como las moscas que rodean un tarro de miel, entonces me paré y caminando chueco y encorvada me fuí despacito hasta la calle. Caminé caminé y caminé y ningún rincón a la vista parecía un lugar seguro. Volví a casa, pero no quería entrar, entré al garage y volví a salir, me dirigí a los arbustos que rodean la esquina y me senté en el espacio libre que hay entre uno y otro. Están tan tupidos que me pueden tapar para poder pensar y sentir la noche que no aprieta como las paredes de mi casa. Hay días en los que me quiero ir, me quiero ir lejos y un impulso me lleva a salir con lo que tengo puesto, el documento y algo de dinero, subirme al colectivo ir a la terminal y tomarme cualquier micro que me lleve a cualquier pueblo de la provincia. Quiero borrarme del mapa actual que me contiene. Llegar a ese lugar desconocido, buscar un trabajo, cualquiera, alquilar un cuartito y trabajar trabajar, dormir, comer algo apenas y leer, pagar el nuevo mes. Entrar a las bibliotecas, pedir libros como quien pide algo para dar y estar en cuatro paredes que me protejan, donde mi energía ahí sea la que se propague hasta la calle, y yo esté tirada en la cama manejándola como un control remoto.


lunes, 18 de marzo de 2013

Los bosques después de la tormenta






No sé qué pensás cuando me acaricias 
o mirás en silencio, la caricia va 
desde los ojos a la boca 
a todo el perímetro de la cara
ya no la veo
la siento en tus ojos de bosque
de bosque dos horas después 
de la tormenta
ese color donde árboles y enredaderas 
son uno, en libertad se trepan 
el pasto casi no crece
pero si espiás entre las hojas 
encontrás musgo
y el musgo entero del mundo podría crecer
en la humedad de tu boca 
en la profundidad de tus ojos
ese color en los que nunca entré
me parecían una casa de vidrio sin mobiliario
en la que todo se ve 
pero a la vez no hay nada
desconfiaba de los colores claros
siempre me dejé llevar por lo oscuro
pero en tus ojos encontré un bosque 
tan tupido pero tan claro, no sé, 
por la luz de la tarde que se quiebra 
entre copas de árboles y golpea
de una rama a otra rama 
en la capa que dejó la lluvia sobre las hojas.
Las gotitas caen, son como nenes que juegan 
en un parque acuático
donde se deslizan y descienden
en un plaff redondo encuentran el suelo
un sonido hueco apenas perceptible
donde otras hiedras esperan
y al traspasar ese colchón
hay pelusas de musgo
y las que siguen descendiendo
correctamente 
cayendo de hoja en hoja
despiertan un brillo plateado que encandila
a mis ojos oscuros
hundiendo los pies
sintiendo la tierra húmeda 
esponjosa por el moho
por toda tu caricia que me habla despacito
y le entiendo decir algo 
pero ya no me importa qué
si ya estoy en tus ojos 
en los que encontré un bosque
y en los que me encontré a mí
dos horas después de la tormenta.