Una mirada
el desvío
el ejercicio de la pérdida.
.Un segundo es la espera sumergida en el norte del llanto. Y siempre el llanto, la lluvia, el llano planeando el suelo y cada tanto se alteran las cúpulas de las iglesias del cielo. Un paraíso, o dos, a la deriva de un amanecer afelpado como la alfombra de tus pies que vuelan y vuelan cuando bajas de tu cama. Esa espera, la interminable, la que despierta a las tres de la mañana y las persianas esperanza te sujetan despacio para atrapar la luz de tus ojos que aquietan la angustia, el desamor y las enredaderas de aquellos otros ojos perdidos, que escalan hacia el sur del este, sobre las luces de los barcos que invadidos de mar atraviesan la línea débil del infinito. Y vos sos el puente, o tal vez el espacio vacío que se abre en el aire. Algo que llena el pecho hasta llegar al otro lado, donde abejas crujientes se detienen sobre tu rostro buscando el alimento que no encuentran, y los pétalos se cierran con la falta de sol.
El día diariamente se derrite
otras se distorsiona
distrae
detona
distanciado a veces
delimita
danza dinastías
dona el dolor disléxico
detiene la defunción del dominio solar
un domino de claroscuros
domingo ya no correrá demonios
y el día defenderá los diez mandamientos
de la demencia.
Y las ramas dejaban caer el sol por ellas como ropa tendida, en trazos de luz que sin tocar el suelo colgaban por su robusto cuerpo. El viento, esa temible boca que suspira, esa maravilla oscura silenciando los gestos de la noche, la mudez de los árboles acariciados por sus dientes. La mirada toxica del olvido, encontrar el instante perdido en la tarde ausente y azul. Una península de huida a las ojeras del miedo, el miedo y esa sensación de no pertenecer, de sol apagándose bajo las ramas.Quiero encontrarte sobre el final, para saber que en otra vida serás el comienzo.
Hay cierta histeria debajo de esta historiahabilitando el halago del hallazgo.Hablaste hasta el hartazgo con tu boca hundidaen la homogeneidad de mi memoria y helaste la mirada fuiste la hazañael hilo hinchado detrás de la nucaesperando hervir hierba de hipocresía.Y gastaste hojas de perdónhistorieta en el hocico de una junglahonesta la horcael desvaríola hora que inyecta el huesoquiebre huérfano redondo.Hortensias invaden la piel y ya no hay horrorya no hay horrorsólo un huéspedhumedeciendola humanidad de tu mirada.
La liturgia se confiesa
y la consciencia se remanga los dientes
para limpiar tantos pecados
pegados
a tu boca dormida.
Voy a rezar cada letra
cada perdón de lengua malcriada
en este desesperado sacrilegio.
Los labios se mojan en agua bendita
ojos cegados en dócil penitencia
brindar la eternidad de esta virgen
consagrada a tu divinidad.
Sólo por una mísera ostia de tu religión
voy a ser la imagen que llore
calvario de tus pies.
Y en el culto
la gula devorándome
la lujuria arañando las puertas del encierro
secuestrar a la virgen
nadie pagará el rescate.
Esta soberbia en amar
soledad empedernida
envidia a quien tiene tus ojos
quien ora tus misas.
La codicia en conquistar tus rezos
los te quiero en la mesa de luz.
Pereza maldita en búsqueda de querer
no de necesitar.
Dejar de beber vasos de ira
equivoca manera de habitar
la casa que me vive.
Y me quedará soñar entre escombros
una aparición milagrosa
o internarme en las puertas de tu iglesia
para predicar el olvido.
Algunas de ellas terminaban detrás de las cortinas de la cocina, en el agua del florero de algún muerto jardín, debajo de las botas de lluvia o, lo más probable, lavándose en algún charco de lluvia en la vereda de los cuerpos. Con el paso del tiempo nuestra violencia consistía en la cantidad de miradas que se perdían, que nos dejábamos de dar.