Hay un día tachado del almanaque
donde la psicosis sale de contexto
y el envase de la comunicación se deshilacha
sobre la falda de la abuela.
Inactiva a los ojos diminutos
tu represión será madera de otra mesa
debajo de los pies.
Y amarán los árboles sus raíces
ramificadas al olfato de la tierra
pero la neblina se posa sobre la terminal de la angustia
y el bosque nos abre su paraguas de fuego.
Algunas de ellas terminaban detrás de las cortinas de la cocina, en el agua del florero de algún muerto jardín, debajo de las botas de lluvia o, lo más probable, lavándose en algún charco en la vereda de los cuerpos. Con el paso del tiempo nuestra violencia consistía en la cantidad de miradas que se perdían, que nos dejábamos de dar.
vas a caer despacio y serás el títere que tire la toallasobrevivir a la boca del socorrotendras el reposo, la renunciauna noche mar es una boca menos para que alimentesy sobre todovas a regalar tu vientre y seráel nuevo régimen de los cobardessentarse en la profundidad del vientoy esperar otra lluviaesperar es el emblemala sabiduría pegajosa de entregarse al destinoy su malicia de ajedrezun océano te invadey sos la isla perdida en la saliva de los muertos